domingo, 6 de mayo de 2012

Mi confrontación con la docencia


El presente escrito es producto de un ejercicio de retroalimentación y reflexión generado a partir de las diferentes actividades  en las que hemos participado durante el primer Módulo de la Especialización Competencias Docentes para la Educación Media Superior. El punto de vista de las y los compañeros docentes, a  través del Foro Académico, sus reflexiones y el compartir sobre su práctica, así como el texto “La aventura de ser maestro” de José M. Esteve, han sido los elementos que guiaron el proceso  de meta cognición. De manera especial, llamaron poderosamente mi atención los desafíos que, según Esteve, se deben enfrentar para aprender a ser profesor: saber elaborar la propia identidad profesional, dominar las técnicas básicas para ser un buen interlocutor, resolver el problema de la disciplina y adaptar los contenidos al nivel de conocimiento del alumnado.
Acompañar  a estudiantes de la EMS en un bachillerato federal, en cierto sentido, es una experiencia que me ubica en el punto de arranque de un nuevo proceso. Aunque en años anteriores me desempeñé como docente en preparatorias  particulares, las condiciones, perspectivas y recursos eran diferentes. Trabajar para instituciones educativas privadas,  implica convivir en la incertidumbre por no saber en qué momento tus servicios pueden dejar de ser imprescindibles. Generalmente, para este tipo de empresas, la educación es su “negocio”.  Y este, como tal,  exige asumir funciones  encaminadas a darle gusto al “cliente” (alumnos y padres de familia), a veces, en menoscabo de la esencia y finalidad de la verdadera educación. Ahí, en ocasiones no pude experimentar la libertad de estar en clase con seguridad en mí misma, ni la libertad de decir lo que pienso. En estas escuelas (y también en algunas del sector público), difícilmente se entiende a la escuela como un sitio a donde se va a aprender, donde se comparte  el tiempo, el espacio y el afecto con los demás.
 Sin embargo, desde que empecé a trabajar en el CBTIS 270, tuve la oportunidad de acceder al conocimiento de lo que se  puede y lo que no se puede hacer en el aula, de ensayar  nuevas técnicas para explicar un tema, de cambiar formas y modificar contenidos.  Un espacio en el que me siento útil a los demás, donde se ha valorado mi trabajo y en donde quisiera aprender a asumir cada clase como una aventura y  un reto intelectual. Quisiera lograr que cada clase sea una experiencia de aprendizaje que impacte positivamente mi vida y la de mis estudiantes, a tal punto que, su estancia y mi estancia en la escuela, represente un  aporte esencial  para nuestro proyecto de vida
Dice Esteve que el problema de la disciplina en el aula “es un problema muy unido a nuestros sentimientos de seguridad y a nuestra propia identidad como profesores”. Esta afirmación cuestiona profundamente mi práctica educativa, porque en reiteradas ocasiones  el  comportamiento grupal en el salón de clases, se  ha salido de control.  Intento reconocer y aceptar  dicho cuestionamiento como oportunidad para revisar e intencionar la búsqueda de nuevas estrategias para aprender a construir un ambiente de empatía con mis  estudiantes. Convencerme de que mi vocación es ser comunicadora, ser  intermediaria entre la ciencia y los jóvenes, lo cual me exige dominar las técnicas básicas de la comunicación.
 Seguramente, el problema de la disciplina también está relacionado con la capacidad de adaptar los contenidos al nivel de conocimiento de los estudiantes. Quizá no he sabido “crear inquietud, descubrir el valor de lo que vamos a aprender, recrear el estado de curiosidad”. Dice Esteves que “hay que volver las miradas de nuestros alumnos hacia el mundo que nos rodea (…), obligándoles a pensar. Recuperar las preguntas, el proceso de búsqueda de los hombres y mujeres que elaboraron los conocimientos que ahora figuran en nuestros libros”.
Por lo tanto, me quedo con el compromiso de seguir avanzando  en mi proceso,   hasta lograr hacer mía la idea de que no es suficiente saber presentar correctamente los contenidos; se requiere también saber escuchar,  saber preguntar, saber enganchar a las y los estudiantes en el deseo del saber. Quiero proyectar a través de mis acciones el orgullo de ser profesora, “trabajando día a día por mantener en nuestra sociedad los valores de la cultura y el progreso”. Quiero aportar mi granito de arena para que las y los jóvenes recuperen el sentido de su vida  y pasen de ser actores pasivos, a ser sujetos activos con una alta capacidad resiliente. Espero que la  especialidad en competencias docentes, que ahora estoy iniciando,  sea  el  gran apoyo que necesito para el logro de los objetivos planteados.

2 comentarios:

  1. Hola Fidelia.
    Contigo son tres compañeros que retoman los comentarios de José M. Steve, en los cuales refieren que nadie nos enseña a educar, que son nuestras experiencias y la reflexión acerca de estas, las que nos hacen mejorar nuestra labor diaria.
    Saludos.

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  2. Hola Fidelia

    Me agrada tu propuesta para seguir trascendiendo, no cabe duda que has luchado para construir, has confrontado tus saberes y has aprendido en esa lucha constante. El darnos cuenta de lo que hemos sido y lo que somos nos permite mirar en prospectiva para dibujar nuevos horizontes.

    Enhorabuena

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