El presente escrito es producto de un ejercicio de
retroalimentación y reflexión generado a partir de las diferentes
actividades en las que hemos participado
durante el primer Módulo de la Especialización Competencias Docentes para la
Educación Media Superior. El punto de vista de las y los compañeros docentes,
a través del Foro Académico, sus
reflexiones y el compartir sobre su práctica, así como el texto “La aventura de ser maestro” de
José M. Esteve, han sido los elementos que guiaron el proceso de meta cognición. De manera especial, llamaron
poderosamente mi atención los desafíos que, según Esteve, se deben enfrentar
para aprender a ser profesor: saber elaborar la propia identidad profesional,
dominar las técnicas básicas para ser un buen interlocutor, resolver el
problema de la disciplina y adaptar los contenidos al nivel de conocimiento del
alumnado.
Acompañar a
estudiantes de la EMS en un bachillerato federal, en cierto sentido, es una
experiencia que me ubica en el punto de arranque de un nuevo proceso. Aunque en
años anteriores me desempeñé como docente en preparatorias particulares, las condiciones, perspectivas y
recursos eran diferentes. Trabajar para instituciones educativas privadas, implica convivir en la incertidumbre por no
saber en qué momento tus servicios pueden dejar de ser imprescindibles. Generalmente,
para este tipo de empresas, la educación es su “negocio”. Y este, como tal, exige asumir funciones encaminadas a darle gusto al “cliente” (alumnos
y padres de familia), a veces, en menoscabo de la esencia y finalidad de la
verdadera educación. Ahí, en ocasiones no pude experimentar la libertad de
estar en clase con seguridad en mí misma, ni la libertad de decir lo que
pienso. En estas escuelas (y también en algunas del sector público),
difícilmente se entiende a la escuela como un sitio a donde se va a aprender,
donde se comparte el tiempo, el espacio
y el afecto con los demás.
Sin embargo, desde
que empecé a trabajar en el CBTIS 270, tuve la oportunidad de acceder al
conocimiento de lo que se puede y lo que
no se puede hacer en el aula, de ensayar
nuevas técnicas para explicar un tema, de cambiar formas y modificar
contenidos. Un espacio en el que me
siento útil a los demás, donde se ha valorado mi trabajo y en donde quisiera
aprender a asumir cada clase como una aventura y un reto intelectual. Quisiera lograr que cada
clase sea una experiencia de aprendizaje que impacte positivamente mi vida y la
de mis estudiantes, a tal punto que, su estancia y mi estancia en la escuela, represente
un aporte esencial para nuestro proyecto de vida
Dice Esteve que el problema de la disciplina en el
aula “es un problema muy unido a nuestros sentimientos de seguridad y a nuestra
propia identidad como profesores”. Esta afirmación cuestiona profundamente mi
práctica educativa, porque en reiteradas ocasiones el comportamiento grupal en el salón de clases,
se ha salido de control. Intento reconocer y aceptar dicho cuestionamiento como oportunidad para
revisar e intencionar la búsqueda de nuevas estrategias para aprender a
construir un ambiente de empatía con mis
estudiantes. Convencerme de que mi vocación es ser comunicadora,
ser intermediaria entre la ciencia y los
jóvenes, lo cual me exige dominar las técnicas básicas de la comunicación.
Seguramente, el
problema de la disciplina también está relacionado con la capacidad de adaptar
los contenidos al nivel de conocimiento de los estudiantes. Quizá no he sabido
“crear inquietud, descubrir el valor de lo que vamos a aprender, recrear el
estado de curiosidad”. Dice Esteves que “hay que volver las miradas de nuestros
alumnos hacia el mundo que nos rodea (…), obligándoles a pensar. Recuperar las
preguntas, el proceso de búsqueda de los hombres y mujeres que elaboraron los
conocimientos que ahora figuran en nuestros libros”.
Por lo tanto, me quedo con el compromiso de seguir
avanzando en mi proceso, hasta lograr hacer mía la idea de que no es
suficiente saber presentar correctamente los contenidos; se requiere también
saber escuchar, saber preguntar, saber
enganchar a las y los estudiantes en el deseo del saber. Quiero proyectar a
través de mis acciones el orgullo de ser profesora, “trabajando día a día por
mantener en nuestra sociedad los valores de la cultura y el progreso”. Quiero
aportar mi granito de arena para que las y los jóvenes recuperen el sentido de
su vida y pasen de ser actores pasivos,
a ser sujetos activos con una alta capacidad resiliente. Espero que la especialidad en competencias docentes, que
ahora estoy iniciando, sea el
gran apoyo que necesito para el logro de los objetivos planteados.
Hola Fidelia.
ResponderEliminarContigo son tres compañeros que retoman los comentarios de José M. Steve, en los cuales refieren que nadie nos enseña a educar, que son nuestras experiencias y la reflexión acerca de estas, las que nos hacen mejorar nuestra labor diaria.
Saludos.
Hola Fidelia
ResponderEliminarMe agrada tu propuesta para seguir trascendiendo, no cabe duda que has luchado para construir, has confrontado tus saberes y has aprendido en esa lucha constante. El darnos cuenta de lo que hemos sido y lo que somos nos permite mirar en prospectiva para dibujar nuevos horizontes.
Enhorabuena